Palabras de pared

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- La lectura debería ser gratuita y obligatoria. Lees y se derrumba el mundo que un día viste.
La lectura es paso a paso un camino muy largo hacia la eternidad. Se sabe poco de quienes han vuelto.
En el paladar la palabra sabe a lo que es. Es fruta madura, salmón, café. La palabra menuda unidad con alas que van y se pegan. Las palabras no vuelven por eso, se quedan adentro de las personas.
La lectura es una gira constante como el puño que va y viene durante un combate. Entonces trenzados, parecen que cayeron rendidos de pudor y no están muertos, están vivos. Quizás no les haya gustado el cuento y se durmieron. Posiblemente murieron.
Una palabra dirige a la otra y así se van quedando atrás en el olvido. Un buen texto se recuerda toda la vida. Un mal cuento es basura. En eso consiste. La lectura ofrece ese retazo de justicia literaria.
Los lectores se anuncian en paisajes muy desesperados, en algún monte de cactus, una plaza con gran sombra, debajo de un árbol, encerrados en un cuarto. Es lo mismo. Un buen texto trasporta, arrastra la escasa resistencia del lector.
Y se lee en todas partes al tiempo de las ciudades, la gente, los perros, la basura, el calor, el sudor y el esfuerzo. El tiempo es el mismo, sólo cambia el lector.
Entonces la ficción se mete en las palabra y en contrasentido aniquilas la realidad pervertida y bajas el escalón que te separa del suelo ya para llegar a casa.
Dices que antes de salir escribiste un poema en el tráfico y no se te debía olvidar, pues le pusiste claves y desde hace rato en que pensaste en las primeras palabras olvidadas escribes otro.
Ahogándose la poesía respira lectura, desahoga su podredumbre. Una mujer lee. El viento menea las cortinas celestes que dan a una palmera.
Ayer no estuve vivo y me disculpo por no estar muerto en el cúmulo de palabras. Es la hora de escuchar el desierto pintado de verde y fundar una industria muy grade.
El poema es un cajón río abajo, un minuto, un sonido, un poder invencible. Leer es caer en la inútil seguridad de que se va a todas partes, lectura es deriva.
Lees y la vida de las letras adquiere significado. Dejan su cama y salen para perseguir su sueño de profetas.
Lees por el montículo de tierra, por las lágrimas acumuladas para un verano, por las palabras que te hablan, por compasión, por lo que quieras, lees al fin de cuentas los anuncios comerciales espectaculares. Antes que te cierren la puerta pones el pie y ya estás.
Entonces lees las calles, y dejas pasar las personas y te vuelves ave, y te haces remoto, y aciertas a ver por el peso de una alborada que la ciudad no ha cambiado, es como una estación, supongo. Tenemos que recuperar algo que no hemos perdido, o nos volveremos locos. Aquí todos llamando a todos.
Se lee poesía en dos palabras descuidadas, sucias en una pared. Una palabra es poesía en ciudades como esta. Una a una la palabra es poema.
HASTA LA PRÓXIMA.