Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Después de mi vuelo vespertino me puse a repostar en un mullido cumulonimbus que encontré allá arriba, sobre el Parque Cultural Reynosa, donde pude ver que ya avanzan las obras de construcción del moderno Centro de Convenciones.
Ahí podrán realizarse todo tipo de actividades, desde conciertos, hasta la añorada feria y exposición, pasando por eventos institucionales y exposiciones.
Eso me recordó la enorme hueva que siempre me han provocado los eventos institucionales donde vienen chorromil funcionarios y cada uno de ellos se pone a hablar hasta por los codos.
Para empezar, el mero mero siempre llega tarde.
Luego, mientras saluda a todos y cada uno de besito de cachete o palmada en el hombro, se pasa otra hora.
Ya en la ceremonia, el presentador menciona a todos los que están sentados en el presídium y a los de la primera fila.
Pasa el primer orador y, ¿qué es lo que hace? ¡Vuelve a mencionar a todos los que ya había mencionado antes el presentador!
Tras el choro, pasa el segundo participante y lo mismo, vuelve a mencionar a todos y así, sucesivamente.
Más hueva me dan los eventos cívicos, donde se conmemora a Benito Juárez, a la Bandera o a la Constitución.
Tras los honores de rigor, el canto del Himno Nacional y el Himno a Tamaulipas, siempre, siempre, ponen a un chamaco de alguna escuelita modesta a recitar una poesía alusiva.
Pero eso no es nada.
En las campañas políticas los candidatos acostumbran hacer extensos recorridos por las colonias populares.
Es común que los aspirantes a alcaldes, diputados federales, senadores y gobernadores, lleguen al barrio pobre, infestado de perros sarnosos y aguas negras, abrazando y saludando de cachetito a las viejas fodongas, o cargando al chiquillo mocoso para tomarse la foto.
A veces envidio a los reporteros policiacos, quienes traen su radiecito a la cintura y están al pendiente siempre de los hechos violentos y sangrientos. La adrenalina corre por las venas y vas a doscientos kilómetros por hora por los bulevares para llegar antes que los demás al lugar de los hechos.
«En tortuga al 71, hay un 96 en el 87» -se escucha por la radiofrecuencia.
Y allá van todos. Los primeros en llegar son los muerteros, enseguida los de la ambulancia y luego los reporteros. Al último siempre llegan los policías para investigar los hechos y hacer el levantamiento de evidencias.
Pero luego me acuerdo que no tengo radio y se me pasa.
En fin, seguirá habiendo eventos, seguirán mencionando a todos los del presídium, seguirán los chamacos recitando poesías de Juárez y habrá más campañas políticas y ahí estaremos, a pesar de todo, al pie del cañón.
Por lo pronto nos quedamos con el refrán mexicano estilo Pegaso: «A individuo que fue concebido para ser pieza comestible elaborada a base de semilla de la planta Zea mais, agua y un guiso con especias, del firmamento le provienen los órganos vegetativos especializados en la realización de la fotosíntesis». (El que nace pa’ tamal, del cielo le caen las hojas)






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