Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Nota de la Redacción: Nuestro colaborador, Pegaso, no envió hoy su gustada columna porque le dio güeva.
En lugar de eso nos hizo llegar oficio número PEGASO/001/25/05/18 explicando -como ya es de su costumbre- el significado de la palabra «güeva».
Nos permitimos, pues, reproducir íntegro y en versión estenográfica el contenido de tal oficio:
Ciudad Reynosa, Tamaulipas, a tantos de tantos de dos mil y tantos.
Por este conducto me permito informarles que no enviaré este día mi colaboración que diariamente se inserta en espacio preferencial de ese prestigioso portal informativo.
El motivo es que me dio güeva elaborarla. Esa es la verdad.
Y porque sé que en la Redacción son sietemesinos, igual que el ex regidor José Manuel Rodríguez Nieto, paso a definirles la etimología e historia de la palabra güeva.
El término proviene del latín ovum, en referencia a un cuerpo redondo que protege el embrión de aves y reptiles.
De ahí derivó al español antiguo hovo y posteriormente al moderno huevo, con igual significado.
Los mexicanos hemos corrompido la palabra al convertirla en «güevo». También por asociación, llamamos huevos o güevos a los testículos. De ahí provienen los vulgarismos: Güevón, que significa sujeto flojo o perezoso, y «güeva», condición de pereza de un individuo.
Dícese que cuando alguien en México no está deseoso de participar o de hacer algo, siempre tiene el pretexto de decir: «Me dio güeva».
Si nos hemos propuesto ir al gimnasio, pero de repente nos entra la flojeritis aguda, decimos que tenemos güeva.
Antes, cuando a nuestras madres les salíamos con esa canción, simplemente agarraban una chancla y nos atizaba en las nalgas: «¡Qué güeva ni qué carajos! ¡Vaya a comprarme el kilo de tortillas porque ya va a llegar su papá!»
Y teníamos que ir sin chistar.
Hoy las cosas han cambiado mucho. La tecnología nos ha facilitado la vida a tal grado, que ahora se considera una verdadera necesidad echar «güeva» de vez en cuando.
Los japoneses, por ejemplo, tienen una hora del día, en medio de la jornada laboral, para ir a un cuartito especial a echarse una pestañita. Dicen que la siesta les permite mejorar su desempeño en el trabajo.
Así pues, hoy me di el lujo de echar “güeva”.
Mañana seguiré volando para enviar mi humilde colaboración.
Les pido mil disculpas.
Sin más por el momento, quedo de Ustedes como su Atento y Seguro Servidor.
Pegaso. (Rúbrica).





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