Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Hay nada de pronto en un todo. Hay vacíos como hay calles solitarias y momentos de silencio.
Hay manos al aire ingrato. Hay también inmovilidad en los cuerpos infelices, mutismo dentro de las aspas de un molino.
Luego el misterio se apodera de las cosas, objetos volátiles y perentorios, inútiles esfuerzos de otros, falsos sedimentos y turbios manejos.
Nada fue cierto. Todo se lo lleva el viento que pasa afuera y lo escuchas.
Por la solidez de la carne sabes que existes en este pedazo de espacio únicamente, que no puedes hacer más por ti que otros no hagan, que la soledad esa vieja compañera divaga, que te vas quedando solo por encima de la soledad que otros quisieran.
Quien quita y el tiempo remoto concluya pronto en sus lentos segundos, tal vez ya esté muy lejos e inalcanzable cualquier esfuerzo por alcanzar el cuerpo de alguien.
Aferrado a ti mismo, tu esencia cruel todavía huele a esta mañana, todavía contiene el sabor fresco del sol sobre una enredadera que trepa a una barda, que solapa tu callada manera de avanzar de caracol sobre esa estepa.
En el eco prevalece el eco de ayer todavía embarrado en el cemento de las paredes, no se oye latir el pavimento y el recuerdo borroso a lo lejos se ha vuelto humo saliendo de las casas pobres.
Tampoco hay tiempo ni lo quieres. Sabes cómo hacer entre los dedos, cómo despotricar entre los brazos sin abrazos muy prolongados, sabes cómo asfixiarte de miedo sin morir mucho, con apenas saberlo cuando te estás quedando mudo.
Para la eternidad es un refugio este resguardo del cuerpo caminando sin hoyarlo, sin hacerlo pedazos y convertirlo en hueco. Para la eternidad un silencio de viajero basta, un silbido de jilguero hablándote a la puerta y sales.
De a poco has pervertido la voz que cantaba en los tumultos o que decía incoherencias a un grupo de amigos virtuosos y purulentos. La calle se encima sin esas voces de afuera que te vitupera. Ni siquiera certidumbre de odio queda. Esas ganas de joderte el alma por dentro y por fuera.
La noche se precipita sobre una manguera, una conexión cósmica, una esfera, otro planeta que no es más que otra forma de ver la vida siendo la misma.
En esa circunstancia oscurece y pronto hay alba en los ojos y sol melindroso replicándose en al agua, salvados están los campos de batalla, las fieras, los gatos infelices, las piedras. Salvadas las canciones de otros, que no cantas, que no aprendes. Juegas y juegas, pierdes y pierdes, derrota tras derrota y te acabas, te aligeras.
Entonces trepas por la pared y te aferras, te apegas y el sol solitario derrite tus últimos pasos y resbalas, vas cayendo muy lejos del pozo, del infierno.
Entonces te mudas de ropa y sales de la concha y te postras, sabes que no queda más que esperar a la hormiga, al saltamontes que pasa y pasa y te ignora, y caes al pasto…y te secas.
HASTA LA PRÓXIMA.






Discussion about this post