Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Bandadas de viento llegan hasta aquí con la llegada de las altas temperaturas. Volteas y para todos lados es un hervidero de vida. CASAS es un municipio de Tamaulipas plagado de escenarios para fotografiar.
Todo cuanto se puede hacer es ir simplemente caminando, como el cazador que se acerca a su presa, de pronto surge.
Y es el color, la rotura de la imaginación, atrás la sombra del verano del trópico, la puesta en escena, el ligero licor del paraíso, la tímida foto. La foto se va y las aves paren. Este año se adelantaron algunas especies. La foto les protege de cierta manera de los depredadores.
Es casi un delito confesar el atardecer visto desde esa sierra, instalada al sur de su geografía, y es porque la variedad de fauna, los nidos recónditos, la confusión de aves nos abastese, hay de sobra para alimentar el espíritu sin el arpón preparado. Junto al agujero de un hormiguero.
Llevas la cámara y te dan ganas de grabar un video acerca de la naturaleza donde digas lo que nunca has dicho, pero por extrañas razones nunca se logra. Y es que en el delgado riachuelo algunas tortugas ya hicieron contacto contigo y se mantienen alerta con sus cuellos estirados.
Atrás de los carrizales, entre la maleza, uno puede fotografiar peces. Pero hay que tener suerte y que la luz del sol no sea muy intensa, pues desgasta mucho. Todo quiere uno. Pronto felizmente en el cabo de la montaña breve, una nube gruesa y blanca matiza el enfoque que se pierde.
En los largos caminos, que serpentean buscando la sombra, hay lajas, piedras cuadradas y por lado y lado la intensa vegetación comienza a invadir pedazos de camino. Se puede percibir la confianza de los animales en su hábitat, junto a nosotros, extraños, intrusos, ingenuos.
Tampoco hay aquí ni allá los otros depredadores que les da por proteger la naturaleza; aquí el suelo sobrevive con las provisiones que tiene para continuar su viaje sin quedarse atrapado.
Este parque pequeño convive con la soledad de sus habitantes que es fácil encontrarlos diseminados por este estamento de la naturaleza. Cuentan la historia entre aventuras, de animales al acecho y de ruidos extraños y nocturnos.
Quiénes seremos para atisbar la inmensidad de esta isla de aves y venados y sus depredadores. Lago verde, reserva entre senderos y caminos que se encuentran siempre. Carboneros, caminos viejos, casas y luces retorcidas adentro de un espejo.
A salto de mata, el obturador marca sus tiempos, el impulso, el juego de las adivinanzas, el tacto, el toque del cocinero. El último disparo es el único que escoge un fotógrafo y falla.
En otro tiempo, en la interpretación, quieres decir algo antes de imaginar la imagen, pero el daño está hecho. Hay en ella, en la fotografía, todo lo que no se puede ver, los espíritus rondando por el cuadrado desierto.
Sobre la foto, las manos aun encuentran los orificios apolillados de las tardes, los bosques, los paraísos perdidos, como este maravilloso paisaje suscrito en el municipio de Casas, Tamaulipas.
HASTA LA PRÓXIMA.






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