Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Ver es oír la lluvia, igual que se establece un ruido en el silencio, una cosa lleva a la otra, con igual alevosía.
Sobre las casas, en los restaurantes, en los ingenios azucareros, en las fábricas nuevas, en los hormigueros, hay ruido por sí mismo.
Y hay el ruido de todos al mismo tiempo, en amplios conciertos y deteriorados silencios, como si estuviera lloviendo. Y lo está en ocasiones, el ruido le ganó a la vista, pero no siempre.
Sino al contrario, primero ves el humo durante una balacera y después sientes el balazo. Habrá quienes nada sientan, y vean la nube de una pequeña tormenta.
Ocurren cosas distintas al escuchar. Tiene mucho que ver el contexto, la escenografía, la iluminación; por eso ver, junta las partes.
A mitad de una palabra oscura, en el lecho más profundo del agua, una voz, como la misma iluminación, permite ver el sonido en el ajetreo de los peces.
Ver es doblar un papel en el aire. Papel arroz, de cigarro delgado. Ver es correr a ver llover, detenerse a ver y escuchar el breve instante del bulevar. Es barquillo de papel que hace agua. Sudando.
Ver es residencia amplia, corredores de luz, calles de pan y bolillo recien salido del horno con conchas marinas. Ver es nombrar con palabras y escucharlas, repiquetarlas en los vidrios, en las piedras, en las charcas.
Ver llover y escuchar una sola cosa es. Una misma distancia. Una es la otra. Viven en el mismo sitio, donde se puede platicar y se dicen las cosas. Ver es ver el infintio que no se acaba nunca de escuchar.
Ver es ver cómo estallan las pupilas, los dedos, los pies en un movimiento siempre existencial y espontáneo. Instantáneo como un café.
Sin ver, el sonido sólo elucubra. Es un detonador de farsas. El sonido es para cada uno, y la vista es normal, pues no viene sino que va.
La distorción está en medio de una risa. En una soledad avanzada, un padecimiento muy ancho en el pasado saludo de mano.
Hay grandes gesticuladores para las miradas, igual que canciones de gesta, memorables canciones de amor. La mirada busca entre los escarabajos del ruido, porque cuando la mirada es capaz de ver muchas cosas juntas, las puede escribir después. Gota por gota de lluvia.
Ver y escuchar han salido muchas veces al frente de batalla. Son los líderes de las grandes ciudades. Son los verdaderos monarcas. Un sólo detalle de su parte, hace que se paren a aplaudir los demás comediantes.
Escuchar es entender, si lo piensas, no es. Un vistazo hace que un reconocimiento sea sincero, si te tardas, ya no lo es. Si te tardas entran los demás sentidos enfermos.
Durante la experiencia visual, el sonido envuelve de regalo la fina figura del viento. El árbol matiza con un roce de cabellos el sonido de la lluvia.
HASTA LA PRÓXIMA.





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