Por Antonio Arratia Tirado
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Siempre hubo pretextos u ocupaciones varias para evadir el encuentro. En un país y un estado donde lo que por sexenios han predominado son una Suprema Corte de Justicia de la Nación, un Poder Judicial de la Federación y un Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas dominados por la sevicia y el ansia de dinero y poder político… ¿qué podía rescatarse de una entrevista con una candidata a un Juzgado Menor de Jaumave?
Y entonces saltó la liebre. Unas fotografías vistas con antelación, conectadas con el nombre de la abogada Jackie Bermúdez, dieron un giro a las cosas.
Era la misma a la que años antes acompañamos a una diligencia dizque de rutina, que dejó de serlo porque en esa área de Victoria se veían viviendas quemadas, no precisamente por el sol. En ese tiempo ella trabajaba en un área peligrosa que tenía que ver con el tratamiento psicológico, social y legal de menores reclutados para oficios peligrosos.
Pero… ¿Cuál era la relación de esa abogada con las fotos donde se le veía bajo una enramada, atizando un fogón-chimenea, cocinando en cazuelas de barro y haciendo tortillas de esas que se inflan a la menor provocación?.
Ahí estaba la historia. En el ejido ‘Padrón y Juárez’, conocido también como ‘La Fuente’, en Jaumave, uno de los municipios agrestes y áridos del altiplano de Tamaulipas.
Como se dice en el argot periodístico, ahí estaba la nota, y no exclusivamente en una árida información relacionada solo con la elección del Poder Judicial.
Empero el problema ahora era cómo decirle, sin que se enfadara- porque es de armas tomar-, que en lo personal era más aleccionadora su hoja de vida, pero muy lejos de empatarla con una telenovela rosa, o una historia más propia de La Rosa de Guadalupe.
Y como lo más directo es lo más sencillo, fui al grano y se lo planteé con una provocación:
“O te da pena que la gente sepa que provienes de la zona rural”?
Por supuesto antes de planteárselo de esa manera hube de asegurarme de que no hubiera cuchillos y tenedores en la mesa del café donde se desarrollaba la plática.
No hubo cuchillos, pero su cara y sus ojos se encendieron y su respuesta hizo voltear a los comensales de una mesa contigua:
¡Nunca me vuelvas a decir eso. Mi mayor orgullo en la vida es ser de rancho!–ripostó.
Vio y escuchó mi risa y entonces se relajó, ya divertida porque se percató que, dado mi propio origen, teníamos algo en común.
Y sí, también ayudó a arriar vacas, que a sus 12 años le causaban problemas cuando, en tropel, una parte se desbandaba por las veredas incorrectas. Igual, con el fangoso lodo hasta los tobillos, a veces se encargaba de los puercos del chiquero. O de corretear pollos para el caldo en días especiales.
Casi nada le fue ajeno, incluso la siembra de maíz, vigilada de cerca por su padre, un hombre duro y una madre generosa a quienes, dice ella, les debe que haya llegado a Victoria.
Recuerda que su meta era salir del rancho y estudiar la abogacía, pero había estrecheces económicas y, por recomendación de su padre, antes de venir a Victoria hizo una parada en el CBTIS del municipio, donde en el 2003 se graduó de técnico en contabilidad.
La Normal “Alberto Carrera Torres” también tuvo en sus aulas a la ahora candidata a jueza, pero estaba empeñada en estudiar Leyes en la UAT y puso todo de su parte para conseguirlo.
“Nunca había salido de mi rancho y a Victoria solo hice algunas visitas esporádicas”, recuerda.
Dice que, como no había dinero para rentar casa en la capital, su plan era hospedarse en la Casa del Estudiante, pero todo se resolvió cuando una tía que vivía en Guanajuato le prestó una casa aquí a cambio de que ella pagara los gastos de los servicios de la vivienda.
Ya de tiempo completo en Victoria se empeñó en los estudios de abogada en la UAT del 2003 al 2008, de donde se proyectó al Tribunal Superior de Justicia del Estado, cuyo primer cargo fue el de secretaria proyectista del jugado especializado para adolescentes del primer distrito judicial (2012-2016) y en junio de 2019 le dieron otra encomienda, y del 2022 a la fecha sigue adscrita a la visitaduría del STJE.
Con dos maestrías por la UAT, de cara a las elecciones en las que hoy compite, Jackie Bermúdez llegó hasta donde está seleccionada por las áreas especiales del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, sin que se inscribiera por el Poder Judicial para evitar especulaciones.
QUIERO SER UN REFERENTE PARA LAS MUJERES Y LOS JÓVENES DE LAS COMUNIDADES RURALES
La abogada cierra el círculo volviendo a sus orígenes y narra que nada le agradaría más en la vida, que las mujeres y los jóvenes del altiplano tamaulipeco (Jaumave, Palmillas, Miquihuana y Bustamante) se empoderaran y perdieran el miedo a lo desconocido, a luchar por lo que lo que quieren y les guste, poniendo oídos sordos al menosprecio de la gente ajena a sus costumbres y a sus anhelos.
“Yo así me lo planteé: me iré a Victoria a cumplir mis objetivos, porque no permitiré que los miedos me derroten. Todos debemos entender que somos nosotros quienes tenemos que diseñar nuestro propio destino”.
Finalmente hace alusión a la meta que se ha propuesto.
“Estoy convencida de que el Juzgado Menor de Jaumave representa no solo un reto sino una oportunidad para dignificar la justicia en una región que lo merece profundamente. Mi aspiración es contribuir con responsabilidad, cercanía y profesionalismo, siempre al servicio de la ciudadanía, de mi gente.







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