Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- El no es un sí; pues también el sí, para poder ser, necesita del no.
El sí, se anula luego de repetirse arbitrariamente, igual ocurre con el no, con la suave e imperceptible diferencia de que incluso en el destino pueden llegar a ser lo mismo.
El sí, fructifica cuando dos personas coinciden, pero igual coinciden en un no. Por eso el sí, con el no, se llevan, son géneros distintos pero se atraen, se juntan solos, nacieron para estar uno atrás del otro, solidarizándose en su farsa.
A pesar de todo guardo respeto por el infinito poder del sí y del no. El sí y el no, son caballeros de lujo en una mesa ovalada. Extraño poder en manos del conocimiento humano. Sujetos del exterminio cruel o la salvedad de la nación.
La duda puede que esté inmedio con sus fauses absolutas, pero no se alimenta de nada. El sí es una respuesta, el no es el reverso, la vuelta de la esquina, la otra cuadra, el final que un día fue comienzo y viceversa.
Son polos opuestos que se atraen, se buscan hasta encontrar el vertice. La noche es un no con el claro presagio y la esperanza del día irrevocable que es un sí.
Durante el sí, la supuesta aceptación trabaja tranquila; en el no, se buscan otros elementos de juicio, se perfora el fenómeno, se sacude el polvo del pensamiento y comenzamos a ser no, que al aceptarlo es un no verdadero.
Durante el no, el sí persiste. El sí, busca otros elementos que lo expliquen todo. El no, en su parcialidad se mantiene unida al retazo que le da vida: el sí.
Una pregunta se responde, o no. Pero el silencio no es una negativa necesariamente. Si alguien pregunta algo que no tenga un sí o no como respuesta, es una trampa.
El tiempo es una carretera en ambos casos. Cuando te lo piden encarecidamente, el no es un sí encobijado.
Puede un ejército con su no, marchar a la muerte, un solo sí, puede bastar para el exterminio del no, cuando todo es un sí desde el principio. En su mutismo la solidez de una negativa se somete al límite de la espera, a las paredes viejas del insomnio.
Si no existieran, tanto el sí como el no, de otra manera nos entenderíamos. Tal vez el mensaje del cuerpo sea más perfecto: las sabias miradas, los labios a rajatabla. Un sí desde una cabellera ondulada y negra.
Su existencia ocasiona disputas, fuertes enfrentamientos a mano armada. Decir no es un sí en momentos en que la realidad es parecida a lo que vemos.
Pero el no, en sí, guarda sus connotaciones. Es en serio. Una palabra seria aunque muy corta, por lo mismo de facil digestión. Quien la dice obtiene audiencia de inmediato y luego voltea a ver para todos lados con estilo, con algo de poder.
El sí, es como una fiesta porque todo mundo lo acompaña, nadie quiere estar con los insurgentes de una patria perdida. Un sí, sin embargo, es necesario, saludable, aplastante y mortal.
HASTA LA PRÓXIMA.





Discussion about this post