Por Julián Javier H.
Tampico, Tamaulipas.- Mientas el mundo sufre la embestida de gobiernos que desconocen los derechos humanos, Tampico festeja la idea de levantar dos estatuas nuevas en la ciudad: una a Porfirio Díaz y otra a Antonio López de Santa Anna.
Ambas figuras han sido veneradas en secreto por una minoría conservadora de este puerto, pero su difusión ha sido limitada debido al papel dictatorial que tuvieron en el país.
Sin embargo, la historiadora María Luisa Herrera Casasú, al recibir la medalla Fray Andrés de Olmos, propuso “honrar” a ambos personajes por lo que dieron al puerto.
“Nos faltan dos estatuas, señores, la de Santa Anna y la de Porfirio Díaz, al cual le debemos muchísimo: la Aduana, el puerto y todo. ¿Verdad que sí?”, dijo la autora.
En 1896 Porfirio Díaz mandó construir la Aduana Marítima de Tampico con materiales importados de Europa, y hoy es un símbolo del puerto.
Díaz se casó con la tamaulipeca Carmen Romero Rubio, quien donó un reloj inglés al Casino Tampiqueño en 1898, club social que aún lo presume.
Por su parte, López de Santa Anna, en 1823, apoyó a colonos de Altamira a fundar un municipio a la orilla del río Pánuco, Santa Anna de Tampico, que después sería Tampico.
En 1829, cuando se rindió en esta ciudad la invasión española encabezada por Isidro Barradas, Santa Anna se adjudicó el mérito, pero, en realidad, fueron el hambre y enfermedad.
La propuesta de consagrar sendas esculturas a Porfirio Díaz y Antonio López de Santa Anna la formuló Herrera Casasús durante el aniversario de la fundación de Tampico, el domingo 12 de abril.
Al respecto, Miguel A. Sotelo González, analista de El Sol de Tampico, recordó que Díaz y Santa Anna son vistos como los enemigos históricos del país por la Cuarta Transformación.
“López Obrador, cada vez que necesitaba arremeter y denostar a sus adversarios, los comparaba con Santa Anna y Porfirio Díaz”, dijo el analista.
La figura de Antonio López de Santa Anna, explicó, difícilmente tiene los méritos para ser venerado por ciudadanos libres y celosos de sus derechos.
“Santa Anna representa el oportunismo, la traición y los peores vicios de la política que, desgraciadamente, aún persisten”, expresó Sotelo González.
De Porfirio Díaz, el analista admitió que al principio luchó al lado de los liberales, pero después, como dictador, cometió crímenes rayanos en el genocidio (como la persecución de los yaquis).
“Es un personaje que tiene luces y sombras y, en este punto, no sabemos a qué viene esto. Haber hecho un edificio no creo que amerite la construcción de una estatua”, dijo Sotelo González.
En tanto, Aurelio Regalado Hernández, investigador y ex cronista de Tampico, dijo que Santa Anna y Díaz son indignos de honor por los actos que cometieron.
“Hay un consenso entre historiadores y estudiosos del siglo XIX mexicano, en el sentido de que (estas figuras) no merecen reconocimiento, como lo tiene un Benito Juárez”, dijo Regalado Hernández.
“Hay suficientes motivos para no dárselo a Santa Anna en las once ocasiones en que fue presidente, y en los 30 años que permaneció Díaz en el poder”.
La valoración al general Díaz ya cayó por sí sola: la Revolución Mexicana de 1910, dijo Regalado.
¿Cuál es el mérito, entonces, para ofrendarles una estatua? Esta pregunta ni siquiera María Luisa Herrera Casasús la ha respondido, a pesar de que propuso la obra.







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