Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Hay gente que requiere de un método para comenzar a escribir. Hay gente que requiere de un método para todo. Hay quienes necesitan estar inspirados para escribir. Se pasan largas horas de ocio, para que se les vuelva a dar.
Hay creadores y escritores. Hay escritores que obedecen ciertas reglas, cierta nómina y hasta sus propias frustraciones. Hay escritores oficiosos y oficiales. Hay oficios de piedra y los convidados principales.
La escritura sólo es una manifestación del arte. Tal y cual y en el ámbito donde se dan las demás artes. Proviene del sitio a donde va y da en el blanco. Se detiene y mueve en la nada. Siempre es un lugar nuevo al cual llegar, un color nuevo, una ciudad. Un pueblo que fundar.
Quien escribe sabe que hay algo que decir, en principio. Eso suena bastante lógico. Pero no es así. Uno a veces escribe y escribe sin rumbo. La literatura lleva esa espontaneidad implícita, sino entonces fuese historia, o invención nada más. La literatura en una de sus vertientes es profética por el contenido.
Se escribe como viene. Pocas veces se piensa específicamente. Por lo general, y en lo personal, lo que escribo, está escrito ya adentro, al escribirlo lo pervierto, lo anulo, y se convierte en una cosa café. Trato de ser fiel a lo que no sé.
Trato de ser fiel a ese dictado, al licor puro que me contiene. Ya no fío tanto, ni me fijo tanto en las palabras amorfas que depredan las ideas más sanas y profundas. La teoría explicará luego lo inexplicable.
El llanto puro se pierde en lo que salen las lágrimas y comienzan a mostrarse afuera, a exhibirse en su espléndida belleza, pero adentro, de manera simultánea, escondida, el hallazgo es un lugar donde se procesa de manera natural el ser viviente. Donde se sufre y se fabrica una lágrima. Se escribe lo que se es. Uno termina por escribirse.
Un autor no debiera mentir nunca en ningún ámbito de su existencia, en eso radica su éxito. Pero la ficción es una prevalencia, es una cotidianidad como una señora pintándose mientras el rojo del semáforo y le da.
Quienes batallan para escribir sobre la página en blanco no son escritores. Solo escriben. Uno ya quisiera tener tiempo para escribir lo que quiere, para cuando uno termina de leer ya tiene hambre de escribir. Y al revés. Una cosa conduce a la otra.
Cuando uno escribe no involucra cosas como la moral y las buenas costumbres de agraciadas señoras o felices y finos osados caballeros de la mesa redonda. No. Al contrario. Por mi formación, cuando escribo no hay esa farsa de valores.
Por lo general se escribe desde más adentro, desde la raíz conectada al suelo. Donde se decide si un árbol muere o sigue viviendo. Desde la raíz se escribe.
La escritura es a la lectura como el perro que se muerde la cola de manera infinita. Es sugestión y obra. Quien escribe acierta porque acierta. Locura y escritura van pegados y se disputan la persona.
Cuando me preguntan qué hacer, digo que pongan en el escritorio lo primero que se les venga a la cabeza, cualquiera palabra, Esa, o la otra, y trabajen con ella toda la vida si quieren. No les alcanzará. Una palabra es infinita, significa muchas cosas como personas hay en el mundo.
Imaginen dos palabras juntas buscándose en un mismo renglón, jugando a existir en medio de la sinrazón. Imaginen tres palabras cantado, o cuatro reunidas para decir algo que realmente exista.
HASTA LA PRÓXIMA







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