Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victorias, Tamaulipas.- Hay aves migratorias y un mundo enterrado, así como un cielo abierto y un inframundo. Gloria e infierno. Callamos y decimos al mismo tiempo, acaparamos arbitrariamente sin medir lo que desean decir los otros. Creamos verdades supuestas en el sitio exacto donde para nosotros los demás suelen decir ocurrencias.
A ese nivel se da el egoísmo de quienes somos en realidad. Somos formidablemente falsos a la hora de crear y fundar la farsa que cubre una realidad absoluta. Nos unimos en grupos para hacernos vegetarianos y comer carne en la intimidad, regocijarnos nosotros para envidia de los demás.
Hemos destruido los hábitats de numerosas especies y trastocamos la historia para hacernos creer que así fue siempre. Por eso no está documentado el dato bajo el cual se clasifique cómo es que hemos alterado el ecosistema.
Comemos más que los demás en detrimento de ambos: de nosotros y de otros. Somos animales irracionales. Sin ir más lejos a buscar entre el resto de animales.
Hacemos política para hacer creer que haremos lo necesario por todos, cuando la realidad es que primero mis dientes y luego mis parientes y la historia se repite a ojos vistos y cada vez con mayor incidencia. Hay éxito en esa falta de ética, tiene sus seguidores en Facebook.
Claro que la palabra discriminación nos causa asco, desacuerdo inmediato, siempre y cuando ese dolor provenga de lejos. Acá seguramente no queremos ver que padecemos de cosas peores, mucho más fuertes. Matamos nuestro género y al menos nos aprovechamos de eso.
La equidad de género tan llevada por las mujeres es defendida siempre por el mismo cacicazgo de las mujeres de siempre y por eso la desigualdad no avanza, la opresión hacia las mujeres provendrá ahora de las mismas mujeres.
Somos lo negro y lo blanco que se ve al espejo. Lo sucio que sale a la calle y nos destapa cuando ante los ojos de los demás comienzan a brotar, para beneplácito de otros, todos tus defectos, que si fuiste esto que si lo otro.
Y entonces te cae que siempre te estuvieron guardando los datos y que ahora es cosa simple darlos por hechos. Hace años te quisieron por eso y hoy te aborrecen por lo mismo.
Lo que antes fue cierto, hoy es una infamia según quien la diga, se despotrica con la misma verdad o con la repetida mentira. Si no eres nadie no cuenta lo que digas, pero que no lo diga ese a quien por consabido interés, que no por otra cosa miras, pues lo comienzas a prodigar hasta que el mismo sujeto te detiene, te pide que por favor ya no lo digas.
Por favorecer al de arriba, a las aves, despotricas contra los gusanos que se arrastran por el suelo y los pisas; pero cuando eres gusano te das cuenta de la crueldad de los cabrones que te pisan, y piensas que son lo pero que jamás han existido en la vida. Así es el ser humano de todos los tiempos.
Y eso que hay un Dios o no lo hay para muchos, pero hay la moral en los grandes edificios, los grandes filósofos, en los libros de texto, las grandes condenas que dictan que “si obras mal te va mal”, y a veces, solo a veces, se cumple.
Y si no se cumple y pasas la vida en esa otra de las verdades a medias, que hay cabrones que nunca abandonaron los hogares de seda, entonces acabas midiendo con el mismo racero, te haces uno de ellos, y comienzas a patear botes.
Y sin embargo, pudiera ser que lo que para muchos es sólo una manera de defenderse, en ti sería algo así como “que pinche culero». Ellos son buenos y tú eres malo… y eso según con quienes te juntes: con los malos o con los buenos.
HASTA LA PRÓXIMA.






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