Por Redacción
Aunque según una encuesta realizada entre expertos del sector privado por el Banco de México y publicada en diciembre del pasado año la caída del Producto Interior Bruto, o PIB, nacional para todo el año sería del 8,99 por ciento, y según el Fondo Monetario Internacional, o FMI, la caída sería ligeramente superior, concretamente del 9 por ciento, finalmente el golpe para nuestro PIB ha sido del 8,5 por ciento, una caída casi sin precedentes, no cabe duda, pero menor de lo esperado y desde la que ya se puede empezar a trabajar en la recuperación, sobre todo gracias a la vacunación, aunque todavía debamos afrontar amenazas para la economía nacional.
Tras la cepa británica que se extiende por Europa ¿existe una cepa mexicana?
Las autoridades sanitarias mexicanas encargadas del control de enfermedades anunciaron recientemente que se encuentran investigando si las mutaciones detectadas en varios pacientes contagiados de COVID-19 son suficientes y de suficiente calado para decir que ha aparecido una “cepa mexicana”, ¿es esto por sí sólo preocupante o tan siquiera algo anormal? Primero, dado que las nuevas cepas pueden perder o bien efectividad o bien virulencia o ambas directamente no tienen por qué ser más letales y segundo, la aparición de estas variantes es perfectamente normal, dada la rapidez con la que se suceden las generaciones en los virus la evolución de los mismos es siempre más rápida que en organismos pluricelulares complejos. Por lo tanto habrá que esperar más información de las autoridades competentes para saber si la supuesta nueva cepa mexicana existe y si es más peligrosa.
Perspectiva mexicana para el 2021
Algunos analistas ya están especulando con que los años veinte del siglo XX se repitan este mismo siglo XXI (no sólo a nivel de nuestro país sino a nivel mundial, como corresponde a una sociedad global), a saber; despilfarro, desenfreno y carpe diem, lo cual no quiere decir que los inversores deban colocar su dinero sin ton ni son ya que el riesgo de pérdida no debe ser nunca despreciado, menos cuando la volatilidad se presenta en estos momentos tan elevada, ya se invierta en posiciones apalancadas de cualquier instrumento en plataformas como Plus500 (en cuyo caso habrá que sumar a la volatilidad el riesgo de operar apalancado), se trate de sumarse a un ciclo alcista de cualquiera de las grandes criptomonedas o se acumulen acciones en bolsa, la pérdida del capital empeñado es un riesgo siempre presente y por lo tanto la cabeza fría y la gestión del riesgo debe ser la guía del inversor.
¿Cómo afronta nuestro país y el mundo el año recién empezado? Depende por supuesto de qué organismo realice el pronóstico, pero la constante es la del optimismo. Por ejemplo, según el Banco Mundial México crecerá entre el 3 y el 3,7 por ciento este año y hasta un 3,5 por ciento para el 2022, aunque de producirse eventos negativos como un retraso en el ritmo o número de vacunaciones el crecimiento para este año será significativamente menor, del 1,9 por ciento, ya que a menor número de personas inmunizadas menos sectores de la economía podrán ir desconfinando. Por su parte, las autoridades nacionales son mucho más optimistas que los organismos supranacionales, ya que la Hacienda mexicana considera que el país crecerá un 4,6 por ciento, eso sí, siempre que se consiga doblegar la curva de contagios.
Previsiones regionales
¿Qué podemos esperar del resto del continente? Como bien sabe cualquiera que se dedique a mover dinero nada crea mejores sinergias positivas para el dinero que un vecino exitoso, y organismos como el FMI consideran que Latinoamérica crecerá por encima de México, concretamente un 4,1 por ciento, que en el caso del crecimiento mundial se eleva al 5,5 por ciento según el último informe, cifra que se encuentra lejos de compensar la caída del 2020 pero sin duda alentadora.
Por su parte la vuelta de los demócratas a la Casa Blanca augura una expansión de la masa de dólares aún mayor que la planteada por la administración Trump, y dado el elevado número de dólares que llegan a México vía remesas es de esperar que una parte sustancial de los nuevos dólares impresos por la Reserva Federal, o FED, terminen circulando por los diversos sectores de nuestra economía, dinamizando aún más un país que parece estar empezando a despertar de la pesadilla.







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