Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Era una familia de flores inextinguibles como la palabas en voz de un arriero en la cordillera. La malvada estepa curtía de sombras el sol del suelo. Se avanzaba lento.
Mucho más tranquila la cabellera de un árbol se ondulaba en señal de una prospera estancia en este decir.
Como pocos días alegres, quienes servían de alelí atravesaban por un gran momento. Con nuevas formas poéticas en blanco, escrito en tres columnas sucias.
El año es una inmensidad que comienza, reconocido respiro de la poesía, respiro la trampa, la sé. La reconozco con su desgarrado uniforme de estética, su tobogán de corbata, sus etiquetas, sus artes escénicas y sus reprobados, las ganas de dominar la pequeña república de las letras, en un pequeño espacio, en la voz alzo la voz, en una etiqueta democrática. En los días de la guerra conmemorativa con medallas y todo.
En un reflejo viajo en el tumulto. Hora cumplida en los sueños, análisis de las venas contando votos.
Es un hecho histórico el que se reúnan aquí estas palabras. Yo participé en la logística del encuentro, anduve en el ajo pensando todo el tiempo.
No cesó el tiempo de pasar el primer año. La historia de este país se envuelve alrededor de los bueno y lo malo. Una revuelta indígena y neta. Unos dedos caminando. La dedicatoria escrita al revés en la tapa del agua cerrada. Un papel lleva un mensaje durante la tregua inservible.
Al asomarme vi el mar angosto, la divina comedía, el hombre pescando, la multitud de sucesos, las aves confundidas con aquella tarde.
El motor encendido, la calle turbia, el sonido de los edificios, las luces dialogan y se apagan, se van dando cuenta. Cuesta pensar.
Vengo de las manos negras. De grasa. De los purulentos granos. De un resuello, de una putrefacción, de un descobijo, de una cachetada, de una error, de una herida, de una pedrada, de una burla, de una fijación, de una tara, de una lujuria.
Era un espacio breve para la mano que estuvo ahí dejada como en un barco. El barco es para quienes cantan. Antes de hundirse. El mar es para todos. Es el espacio y la voz del arriero como un silbido.
Mi voz de arriero lleva el sonido de la sierra. Abajo campean los hormigueros colorados y se arrastran los saurios. Conozco el paso de las tortugas de tierra. Vendo las palabras.
HASTA LA PRÓXIMA.





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