Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Cada año leo de cajón La Ilíada y la Odisea, El quijote, la Biblia, y la Introducción al psicoanálisis; esta última me llama la atención como obra literaria, por su prosa.
Acabo de leer Mao Tse-tung de Robert Payne y estoy leyendo Ivanhoe de Walter Scott, que me gusta por la diversidad de herramientas para trabajar al personaje y los recursos de la descripción, narra en lugar de describir.
A ratos leo a Galeano. Siempre tengo un libro que leo a ratos, suelto por los litorales de la lectura directa. En esos términos acabo de leer “Discusión” de Borges. A retazos. Hay muchos libros que he leído así.
Obsesivo, el año pasado y el antepasado acudí a diario a la Biblioteca del Centro Cultural. Ahí leí la Obra completa de Octavio Paz y la Revista Vuelta encuadernada en 18 Tomos. La Obra completa de Borges de Emece Editores. Pero también leí novelas y mucha poesía, aprovechando bibliografía de ese lugar. Leí sobre preceptiva literaria, análisis, poética.
Todos los días vuelvo a casa que es un libro y me sumerjo en esa barca hasta el mediodía y en la noche e hasta donde el cuerpo aguante. Entonces no escribo. Escribo cuando no leo. Se equilibran solas. Voy escribiendo en la memoria. Para mí todo es un texto que se muestra en imágenes, todo es poesía además. Las palabras se escriben solas.
La agenda de la lectura es igual a la de la lectura, en la mente no se distinguen; la letra, el sonido, el ritmo, el espacio y el tiempo van y vienen. Cuando leo un texto trato de comentarlo conmigo mismo y de darle crédito de todas maneras. Un mal texto se encuentra en cualquier ciudadano haya publicada o no haya publicado. En el caso de los escritores se da.
No todos los poemas de Neruda resultan buenos o tienen una resolución armónica o de solvencia económicamente literaria, eso pasa en todos. Incluso, el miedo de hacer el ridículo luego de una buena obra, propicia que buenos autores dejen de escribir y se retiren con honores de la ensangrentada plaza. Yo en cambio, sí ensangrentado, en una buena plaza no pienso retirarme por una mala tarde.
No todos los pensadores son auténticos, por ejemplo, filosofías concretas se han financiado de la filosofía aristotélica, el existencialismo es uno de ellos. Últimamente me ha dado por regresar a los griegos y presiento que por ahí está ya el proyecto de mis siguientes lecturas obsesivas. Creo que la obsesión hace daño.
Pero cuando leo un texto, cualquiera que este sea, en principio sé valorarlo, reconozco la existencia del autor, lo veo, lo palpo, lo veo a diario.
Literatura es una mañana fresca con el sol entrando por la ventana. Leer es apoderarse de una locura inaudita y darse cuenta, aprovecharse de ello. Hay sus riesgos. Hay locura cierta. Igual se promueve que no se promueve por algún motivo la lectura. Igual se promueve la no lectura. O la lectura como se le conoce.
La lectura va más allá del contexto social y humano. Está lejos y se aleja de una sociedad que le repulsa. Igual hace la escritura.
El vicio de la lectura, cómo decirlo, simplemente me alucina. Mi oficio es la lectura con un taller de escritura, un coche que se descompone y se arregla. Si me hubiera gustado la mecánica me ocurriría como les pasa a los mecánicos, que no se les ve la cara, debajo de un carro todo el día, hasta que enciende el carro o lo yonquea.
A veces veo esto de la lectura como una enfermedad de alguna parte del alma, no que sea un trastorno mental, pero si una fijación como una glándula pineal que permite que en el caos perviva la armonía desconocida.
Cuando leo hay un alumbramiento que hace las cosas más claras, como cuando te compras lentes de aumento nuevos y te das cuenta de las limitaciones que tenías.
Financieramente hablando leer y escribir son una inversión a fondo perdido o un destre pronosticado. Pero la vida es también esto. Un aterrizaje perfecto en donde menos esperas. Nadie llega detenido en el tiempo, hay que darle. Esto, como todo, deja un billete cuando rebasa las posibilidades que tiene el entorno para contenerte.
Leer mucho, hace trascender a las personas en cualquier oficio de piedra. Pero yo creo que cada quien lee su oficio a su manera. No hay secretos, la pericia que es mental tiene un solo camino que es el trabajo. Como todo, tengo un sueño, creo que estoy en el país equivocado y que debo regresar al que no fui. Quiero ser rico, para colmo. No porque lea tengo que morir pobre, al contrario, creo.
Sin embargo la obsesión inhabilita, es como la pasión, son un mal de la humanidad, son como el deseo, el embrujo de los crímenes. La incertidumbre me asalta, me conmueve. El mundo que veo se hace frívolo, se encaja en la planta del pie cuando camino. Pero no importa. Necesito calmarme, ir a la montaña que está frente a mis narices.
Cuando escribo pasa lo mismo. Creí que leer a Pushkin a los 17 años, iba a resultar, pero ahora que lo leo es lo mismo. Puedo incorporar y reincorporar las mismas frases que no he dicho, y decir otras. Me gustan los juegos de palabras. Escribo.
No obstante, lectura y escritura viajan al otro lado de la existencia donde nos contemplamos. Y si vuelvo uno aquí a esta página es para reescribirla.
HASTA LA PRÓXIMA.







Discussion about this post