Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Andaba yo volando allá, cerca de los centros comerciales del bulevar Hidalgo, donde ayer no cabía un solo alfiler en los restaurantes y tiendas departamentales porque todo mundo se lanzó a comprarle algún regalito a su santa progenitora.
Y es que el culto a las madrecitas está tan difundido en México, que compite con otras veneraciones, como la de la Virgen de Guadalupe.
Definitivamente, todos venimos de una mujer, a menos que nos hayan hecho en una probeta.
El agradecimiento a quien nos trajo a la vida es una manifestación que se hace más evidente conforme se acerca el día 10 de mayo. Entonces, todos nos volvemos amorosos, llevamos a la Jechu (la jefecita chula, como decía El Molacho) a echarse unos tacos de barbacoa y le compramos su chesco para que esté contenta y nos colme de besos y caricias.
El resto del año, sin embargo, solemos olvidar que tenemos madre y la tratamos como a la chacha, si aún vivimos en casa, o nos olvidamos de ella hasta que necesitamos de su consuelo y cariño.
Hay, sin embargo, un segmento de la población que mantiene un culto hacia la madre que raya en el fanatismo.
Los narcos son la mar de amorosos con sus mamacitas. Les hacen regalos costosos, les compran unas casotas enormes y las colman de atenciones, todo, para obtener su bendición y el clásico beso en la frente, que es como decirle: «Anda, hijito; ve, sigue haciendo lo tuyo con mi aprobación».
Si algo tienen este tipo de delincuentes es que son extremadamente religiosos y especialmente amorosos con su madre.
Es típica aquella escena donde la mamá del narquillo de barrio le presume a su vecina: «Mire, Chonita, mi hijo es muy buena persona. Me trae regalos y me da dinero para surtir la despensa».
Como si hubieran hecho un gran trabajo en la educación de sus vástagos, el día de las madres es especial para estas gentiles y venerables mujercitas.
El maloso, desde el radiero de la tienda de conveniencia hasta el capo de más alto rango, van bien tempranito hasta la casa de la autora de sus días, con un mariachi, para cantarle las tradicionales Mañanitas.
Y después, en el transcurso del día se desviven por demostrarle su amor incondicional de hijo y renovar sus juramentos de eterna veneración. Ese vínculo resulta ser lo único que los conecta con el rescoldo de humanidad que aún les queda.
Todos notamos que ayer se vivió un ambiente alegre y la celebración del Día de las Madres se realizó en relativa calma. ¡Es que todos los malos andaban celebrando a su jefecita santa!
Pero agárrense. Porque a partir de hoy seguirán las balaceras, los crímenes violentos, los topones, los ponchallantas, los bloqueos, etcétera, etcétera, etcétera.
Si los criminales eran ayer mansos gatitos en el regazo de sus mamás, hoy seguirán siendo los mismos desalmados y sanguinarios criminales que no se tientan el corazón para seguir cometiendo sus fechorías, inclusive si éstas afectan a personas inocentes.
Y todo con la bendición de sus muy respetables madrecitas.
El refrán estilo Pegaso dice así: «Progenitora únicamente existe en número singular» (Madre sólo hay una.)





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