Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Alguien- no sabré nunca quién-, mi antepasado en mi otro idioma, me da la voz demasiado compleja para entenderla. Sin forzarme, escribo a un lado de la luna empezando con la letra con la que termino.
Creo en más, mucho más que este cosmos. Más allá que este navegar buscando el hilo cáñamo. Creo en el mar.
Frente a frente, dos fuerzas se juntan, se vuelven mecánicos movimientos, pequeños patrones en el espacio, desaparecen.
Llegado el momento se escucha imperceptiblemente el sonido de adentro. Una sola nota.
Nadie ve las lágrimas que no se pueden mirar en la calle, hechas de nada. Faltarían días, manos, kilómetros. Nadie nace. Todos fuimos esto que se revierte.
Voy a tocar con mis manos la soledad. Sabré de dónde viene y cómo escarbó en mi décima de segundo. En las comisuras de la ventana le va a ayudar mucho si alguien se asoma, sería práctico remover el brillo de la sombra en la camiseta.
A quién llamo, que desde adentro, con voz ahogada, no conteste en el nombre de nadie. Tocaré con mis manos por así decirlo el suave hedor de una calle en la frase.
Todos se profesa en el lenguaje, pero en los variados instantes el clima loco de la lógica modifica los verbos, conjuga el llanto. Y sigo pensando que el tiempo pasa, se pierde, pero es tan hermoso el espacio fugitivo, la resurrección, la evolución del momento. Puros instantes. Honestamente.
Palabra es la sencilla intención, un monje encubierto, una sombra de gato gramatical, un sospechoso instante en que se dijo. Cada palabra es una obra de arte, es prosa y es poesía.
En ese orden, o debo decir tiranía, ortodoxia, nostalgia de la negación. Por sí solo suscita una nueva sociedad de cuerpos. Por ejemplo se inauguran las falsas igualdades.
Supongo la existencia precaria y radical. Sugiero una serie de circunstancias. La naturaleza de las contradicciones al mirarse al espejo siguen siendo las mismas, una época en crisis, pero la explicación es psicológica.
Son raíces, vueltas, hojas, cristalinos rayos de luz. La vida son hechos sucesivos en el fondo del positivismo, que es una negación profunda.
El enigma es un tiempo reunido en una capilla. Se honra la poesía. Palabra es el tiempo que supone la existencia.
Alguien, no sabré nunca quién, me antecede en la palabra, en el uso de la razón, en las posibilidades más o menos claras, en que veo mi sombra que huye.
HASTA LA PRÓXIMA.






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