Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Estoy montado en la depre y sumido en una crisis existencial.
Después de mi vuelo vespertino me puse a pensar en el derrotero que han tomado las campañas políticas.
La guerra sucia se ha convertido en una manera de ganar votos, se han dejado de lado las propuestas, y hay quienes dan más valor al polvo dorado que al oro empolvado.
Como dice mi colega Catón, han dejado de lado la praxis política para hacer cosas peores.
Por tal motivo hoy no hablaré de las campañas electorales, ni de los partidos políticos ni de los candidatos.
Dedicaré este espacio que tan amablemente me permiten en este prestigiado portal noticioso para dilucidar sobre temas de mayor trascendencia universal.
Por ejemplo, ¿por qué a Chuchita la bolsearon?¿Quién la bolseó?¿Para qué? Y lo más interesante, ¿qué le hallaron en la bolsa?
Siempre me he preguntado de dónde sacan los reporteros policiacos esas fracesitas que leemos en la nota roja: «El Agente del Ministerio Público se constituyó en el lugar de los hechos». ¿Es que antes estaba desconstituido?
O cuando escriben: «Fulanito de Tal, domiciliado en tal parte», en lugar de: «Fulanito de Tal, con domicilio en tal parte».
Y chúpense ésta: «El Jefe de la Policía se apersonó en la escena del crimen». Luego entonces, ¿estaba desapersonado?
Hay enigmas existenciales que requieren verdaderos esfuerzos lúdicos para entenderlos.
Nunca me he podido explicar por qué las mujeres van al baño en grupo. Uno está platicando animadamente y de repente se paran todas juntas, como si estuvieran programadas, cuando una de ellas dice: «Vamos al baño». Y ¡zas! se arrancan todas en macoya.
He logrado descifrar algunas interesantes frases de la lírica popular contemporánea, como aquella que dice: «Mamá, ¿qué será lo que quiere el negro?»
Luego de sesudas deducciones y elaborados análisis, llegué a la conclusión de que el negro lo que quería era un poco de cobija porque esa noche estaba haciendo frío y necesitaba algo que lo calentara.
¿Y por qué diablos Sorullo se quedó con el negrito? ¿Es que no se había dado cuenta que sus otros hijos eran rubiecitos?
Aún no encuentro la explicación ontológica de la frase: «No te metas con mi cucu».
Había sugerido en una colaboración anterior que posiblemente la voluptuosa chica tenía en su casa un reloj cucú y algún amigo quería darle gane con él, pero después de mucho pensarlo llegué a la conclusión de que no es por ahí la cosa.
Más bien creo que se refiere a una parte de la anatomía femenina, aunque en estos momentos no puedo acordarme a cuál.
En fin, mejor quédense con el refrán estilo Pegaso: «Es necesario que tu diestro apéndice ignore las acciones de tu siniestro». (Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda).






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