Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Andaba yo volando allá, sobre la plaza principal Miguel Hidalgo, donde cientos de fanáticos del futbol se reunieron para presenciar en pantalla gigante el juego entre las selecciones de México y Alemania, dentro del Mundial de Futbol Rusia 2018.
Debo admitir que no me esperaba que ganara el equipo mexicano.
Poco antes de iniciar el partido, frente a la pantallota que mandó colocar el Municipio, un animador preguntaba al público qué equipo ganaría y por cuántos goles.
Una joven dijo: «Gana México 1-0», otro se aventuró: «Gana México 2-0».
La verdad es que los pronósticos verdaderos, esos que se basan en resultados previos y no en esperanzas, no daban oportunidad alguna a los jugadores de México.
Al final se levantaron con una inesperada victoria de 1-0 sobre el seleccionado campeón del mundo, y no se hicieron esperar los «memes» en las redes sociales.
La primera imagen que apareció fue la de un fiero perrito chihuahueño ladrando a un gigantesco e impasible Pastor Alemán, ataviados con sus respectivas casacas.
Los más nacionalistas subieron el dibujo de un águila devorando a la bandera teutona con un dramático fondo tricolor.
Algún imaginativo fanático posteó una foto del Ángel de la Independencia rodeado de una multitud con la figura de Chucky en la cúpside.
Pero el «meme» más celebrado fue el fotomontaje de El Chuky lozano sentado en la silla presidencial.
Y es que en México tenemos una habilidad endemoniada para mezclar la política con todo.
Son el futbol y la religión los temas que más hondo llegan al alma de los mexicanos, y así, durante mucho tiempo nuestro amado sistema político ha encontrado que son la mejor cortina de humo para lograr sus patrióticos objetivos: Incrementar impuestos, hacer fraudes electorales, meter a huevo reformas estructurales y mil trapacerías más que sólo tienen el propósito de chingar al de abajo para favorecer al de arriba.
¿Qué va a pasar ahora que México realizó la hazaña de ganarle a Alemania?
Tal como lo hizo Zaragoza cuando le partió su madre al ejército invasor francés, de inmediato escribió al Presidente de la República: «Las armas nacionales se han cubierto de gloria».
Sin embargo, la historia nos enseña que, a final de cuentas, Juárez salió corriendo de la capital del país, mientras que los franchutes llegaban con Maximiliano para establecer un régimen monárquico.
El triunfo de la selección mexicana mantendrá en letargo a millones de fanáticos-ciudadanos, al menos hasta el día 23, cuando el equipo juegue contra el seleccionado de Corea del Sur.
Si gana, el grado de enajenación será tal que a nadie le importará si hay fraude o no, si pierde el Peje o no.
Esa es la lamentable y cruda verdad de la mentalidad del mexicano. No le toques a la Virgencita de Guadalupe o a la Selección Nacional.
Por lo demás, puedes pisotearlo, robarlo, defraudarlo y sacarle la lengua, porque sólo hasta mucho tiempo después se dará cuenta de lo que pasó.
Y el refrán estilo Pegaso dice así: «Quien fue concebido con el propósito de ser recipiente cilíndrico elaborado con material terroso endurecido jamás antepone el pasadizo». (El que nace pa’ maceta no pasa del corredor).





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