Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Recostado en mi mullido cumulonimbus veía yo las incidencias del tercer, último y definitorio debate de los presidenciables.
Y les digo a todos ellos: ¡No, señores! No es por ahí.
Definitivamente se necesita un cambio, pero uno de a de veras, porque no se puede dar mejoralitos a un enfermo de cáncer terminal.
Veo que esta es la última oportunidad que tenemos como nación, porque de lo contrario, este será el postrer debate antes que llegue la revuelta social.
Supongamos que gane AMLO. No basta con quitarle a los de arriba para darles a los de abajo.
Los de abajo necesitan tener una fuente de ingresos estable, pero no hablo de un salario de mierda, como el que actualmente perciben, sino de un sueldo equiparable al que tienen países más desarrollados.
Actualmente un trabajador en México gana la décima parte de su similar de Estados Unidos.
En ese país el más jodido gana 8 dólares la hora, lo que equivale a 160 pesos; multiplique por 8, que es la jornada laboral y tenemos un ingreso mínimo de 64 dólares diarios, unos 1,200 pesos al día.
En México, lo necesario para mantener una familia de 4 miembros en un nivel socioeconómico medio, es un ingreso de entre 15 y 20 mil pesos mensuales, o sea, entre 500 y 650 diarios, en lugar de los 120 varos que obtienen en promedio por día.
Si gana Meade, todo se irá al carajo, porque no se detendrá la inercia que nos precipita al vacío.
¿Que cuando él estuvo en la Secretaría de Hacienda unos 2 millones de mexicanos salieron de la pobreza? ¡Falso! Por el contrario, cada día se va reduciendo la franja de la clase media y se amplía la de los miserables.
Sólo basta ver los aumentos a la gasolina, a la luz, a los alimentos y a todo, para darse cuenta que cada día somos entre cuatro y cinco centavos de peso más pobres.
Anaya no definió sus propuestas y se dedicó a demostrar que su archirrival, El Peje, es tan corrupto como los de la mafia del poder que tanto critica.
Cerró su participación en el debate con un lapidatorio: «Tú ya no garantizas el cambio».
Pero en todo caso, sólo nos quedaría una opción verdadera para que México cambie, y esa sería la de El Bronco.
Imaginemos un México donde a los rateros se les corte las manos. Sería el país con más tuncos per cápita en el mundo.
También habría una policía especializada en hacer que los flojos se pongan a trabajar, y pronto veremos que el Gobierno implementará los trabajos forzados para todos los güevones que abundan en el país.
Por eso aquí nos quedamos con el dicho estilo Pegaso: «En primer término, mis propias piezas dentales y posteriormente mis consanguíneos». (Primero mis dientes y luego mis parientes).





Discussion about this post