Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- No existe el tiempo, nunca lo hay en los grandes comercios, atrincherado en las avenidas transitadas, prisionero de una fila, de otra voz que diga primero, segundo o tercero, o que se quede muda.
No existe quien exista. Tampoco es verdad que seamos entidades y que vayamos por ahí a alguna parte que desconocemos realmente. ¿En que iríamos? No vamos, venimos siempre.
Somos seres solitarios colgados de un libro imaginado por nosotros, sin pensarlo, escribimos con los ojos cerrados, por lo mismo, porque tenemos sueño, por el firme deseo de que al pasar eso, que digamos tiempo, todo sea como nostros queramos, pero no es cierto.
Abrimos los ojos y estamos donde mismo, en el papel de un garabato, en el cumpleaños del gato, en las celebraciones del fin de año.
El cuerpo es una sensación solitaria con un rezo y es todo, un epitafio negro emborronado, innentendible. Epígrafe ingrato de la humedad y el viento violento.
La luz es un pozo en el cerebro, un armazón de focos incendiados en una hilera de cables. La verdad es muy bella, pero intocable, es la tiniebla madura, el cerezo, el corazón páralelo.
El tiempo en su breve irrupción atrapa sueños, los habita, pero luego los deshace. Fue una profanación mental, el deseo solamente de un puerto, la vocación de tierra adentro. Dice.
Caminas y el repertorio interrumpido en pequeñas parcelas, aparca el tiempo, el segundero inmediato, lo aparcela en el cerebro, lo fragmenta, lo muele, lo vuelve inmediato.
El tiempo es una ilusión optica, después de ahí la nada es un eco, una estampida de recuerdos confusos, otros pensamientos sustitutos, nada que ver con las palabras de inauguración en un discurso.
Si digo tiempo, pasa, pasa eso que llamamos tiempo, si le hablas no existe, no sabe, es muy simple, no es.
Lo que existe no existe. Y si existiese, sería tan fácil borrarlo.
¿Cómo encontrar y cómo encontrarnos, para qué encontrarnos, cuál es la idea macabra, a dónde diablos vamos que sea, que no haya una fosa común en el cementerio? Para muchos, el tiempo es un agujero.
Cuento hasta tres y nada pasa, pasa lo que ha pasado, lo viejo, lo nuevo no existe todavía, ni existirá. El reloj es un aparato inventado para aprender a contar, para no olvidar los números romanos.
Soy un espacio de silencio, si me hablas no existo; si me vuelves a decir, permanezco; si me olvidas existo, si algo soy, soy en este preciso momento.
Y sí, si soy un poco de tiempo, soy el tiempo en su parte más inexistente. Lo que tengo es lo que quiero, sin grandes espacios, sin medidas, sin tiempo.
HASTA LA PRÓXIMA.





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