Fernando Acuña Piñeiro
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Tras concluir la elección del 2018, el gobierno panista de Tamaulipas, sufrió por fuerza, una recomposición, en la perspectiva de sus cuadros políticos. Los que quedaron mejor posicionados, por ahora, son los alcaldes de Tampico, Jesús Nader y la alcaldesa reynosense Maqui Ortíz Dominguez.
Obviamente, el triunfo panista más contundente en los pasados comicios, hablando de las principales ciudades de Tamaulipas, es el del contador Nader Nasralláh, ante la veterana Magda Peraza. La ventaja que le sacó el empresario y político jaibo a la venerable septuagenaria del PRI, fue por más de diez mil votos.
Habrá que ver, cual es el respaldo que el gobierno cabecista le brinda, durante los próximos años a la administración naderista en Tampico. De entrada, nos parece que, el empresario de origen libanes y ex secretario de Administración estatal, es considerado ya, por propios y extraños, como el personaje más perfilado, rumbo a la aun lejana sucesión gubernamental del ¨PAN, en el 2022.
En lo que se se refiere a Maqui Ortiz Dominguez, si bien es cierto que ganó con una gran diferencia de votos, pesan sobre su elección, múltiples impugnaciones, y seguramente que, su crispada relación con ex antagonista por la alcaldía, José Ramón Gómez Leal, hoy convertido en poderoso coordinador del presupuesto obradorista en Tamaulipas, habrá de tener sus consecuencias concretas en el municipio reynosense.
EL PRI DE CHECO, DE RODILLAS, PERO BIEN MAICEADO
Si alguna esperanza había de que, el PRI recuperase algunas diputaciones locales, en la elección doméstica del 2019, la obcecada actitud de la actual dirigencia integrada por Checo Guajardo y Aída Zulema Flores Peña, echa por la borda, toda posibilidad de rescate político.
Con su rechazo a dejar el Comité estatal del tricolor, tanto Guajardo, como Aída Zulema, ambos piezas del ajedrez que sigue manipulando el ex gobernador Egidio Torre Cantú, desde su residencia de San Pedro Garza García Nuevo León, lo que están provocando es el estancamiento y la paralización del trabajo partidista.
Esto se debe a que, el noventa por ciento de las bases y los operadores de esta organización, se niegan a seguir engordándole el caldo a una camarilla de vivales, interesados en obtener beneficios personales, pero sin importarles las demandas de la ciudadanía.
Como ya lo adelantamos, en nuestro reciente análisis, el Checo y Aída, -a quienes ya se identifica con Bonnie y Clyde, la célebre pareja de asaltantes en la unión americana, durante la época de la gran depresión, con la diferencia de que, el Checo y Aída, vaciaron los bolsillos de los candidatos a las alcaldías y las diputaciones, en los días previos a la elección del pasado primero de julio-, es hora que, haciendo alarde de cinismo, se niegan a entregar el mando, pese a que ya se les venció el plazo.
Existe un motivo para que, Checo y Aída estén tratando de nadar de a muertito, tratando de ganar tiempo, para operar la elección del 2019, en la cual ya planean quedarse con las diputaciones plurinonimales. O en su defecto, comercializarlas a buen precio, como es fama pública, que están acostumbrados a convertir cada elección, en una ordeña de chequeras.
Pese a las cartas abiertas, donde son objeto de repudio; las críticas directas, a través de las cuales, se les cuestiona su ilegalidad y su flagrante violación estatutaria, el mostachón Guajardo y la diva Aída Zulema, siguen clavados en la cúpula del PRI, como garrapatas.
No parece haber poder humano que los remueva, aunque por estos días, se sabe que, desde la ciudad de México, el CEN tricolor a cargo de Claudia Ruiz Massieu, ya está informada sobre el asunto, y es muy probable que adopte medidas, encaminadas a extirpar de tajo el maximato del ex gobernador Torre Cantú, y de su Comité estatal, calificado como espurio.
Pero, el filón de presupuesto, y de dádivas que más les interesa, se dice, es el que sigue fluyendo desde el gobierno estatal panista, que es finalmente el que los mantiene condenados al silencio y a la mansedumbre, traducida en cero cuestionamientos, y al deplorable arrodillamiento ante el poder en turno.
Checo y Aída, han reducido al PRI a un cadáver político, que ya despide desagradable hedores de complicidad y de absoluta entrega a una vida regalada de dinero y comodidades . Todo ello, a cambio de que, se mantengan calladitos, y sin emitir cuestionamientos, sobre los excesos y pifias de la actual administración estatal.
Están literalmente de rodillas, con un lenguaje corporal, sospechoso de depravación oral…pero a cambio de ello, los tienen bien maiceados.






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