Max Ávila
* El columnista es autor de las novelas “Erase un periodista” y “Rinconada, la historia prohibida del maestro Ricardo” y Premio Nacional de Periodismo 2016.
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Corrupción e impunidad no pueden ser perdonadas cuando en México hay hambre y sed de justicia. De ahí que los culpables deben ser llevados a juicio y castigados como merecen.
Es la exigencia de los treinta millones que votaron a favor de AMLO.
No puede ser de otra forma a pesar de las afirmaciones del presidente electo en cuanto a que “no habrá cacería de brujas”.
Si se trata de “refundar” a la república, es que hubo quienes la destruyeron y estos tienen nombres y apellidos.
Y por supuesto la mayoría nacional no aceptaría que bajo la sombra de la impunidad se cometa una burla de tamañas dimensiones, en perjuicio del patrimonio nacional.
Y menos cuando en diversos países latinoamericanos la aplicación de la ley contra funcionarios corruptos es ejemplar, incluyendo ex presidentes y vice presidentes, como en los casos de Perú, Honduras y Guatemala.
En México no se requiere mucha ciencia para conocer el grado de inmoralidad alcanzado por la clase política, sus familias y amigos.
Existe tanto cinismo que presumir la riqueza mal habida, pareciera más que delito, un acto de audacia digno de imitar por quienes aspiran a ingresar al círculo del poder.
El mejor atractivo es el dinero fácil.
Y es que participar en política significa la forma más rápida y expedita de obtener riqueza. Quienes se dedican a tal actividad lo saben. Por ello, con sus honrosas excepciones, no vacilan en sacudir escrúpulos y olvidar principios y valores, porque estorban para cometer el ilícito.
Y ni cómo negar que nuestro país ha sido fábrica de funcionarios super enriquecidos cuando las pruebas están a la vista del portador.
Por ello no extraña que el 70 por ciento de la población viva en pobreza y un 20 por ciento más, padezca hambruna. Además que, de acuerdo al INEGI, al 65 por ciento de la población con empleo, no le alcanza el sueldo para adquirir los productos de la canasta básica.
CONTRA LA CORRUPCIÓN
Y son justo estos millones de mexicas que no están dispuestos a perdonar, sino todo lo contrario. Sea a exigir se cumpla la ley con severidad como parte de la justicia social que demandó MORENA durante la campaña presidencial.
Y AMLO es el más obligado.
Nada de perdonar a los corruptos. Nada de “borrón y cuenta nueva” porque los 30 millones que votaron a su favor quieren comprobar que su decisión fue acertada.
Es decir, que no fueron utilizados en función de la simulación política del sistema.
Aquellos que entregaron su confianza a MORENA el primero de julio, lo hicieron convencidos de que se trataba de combatir corrupción e impunidad.
Por ello jamás aceptarán el perdón para quienes han desgraciado a México.
En este sentido López Obrador no puede fallar. Y si así lo hiciere, seguro que la nación se lo demandará.
Y es que nada importa más, que terminar con el cáncer que tiene a México herido de muerte.
Olvide la construcción del nuevo aeropuerto, la pensión general a las personas mayores, la disminución de los sueldos a la aristocracia burocrática, incluso la derogación de las reformas ajenas al interés nacional promovidas por EPN y el resto de las promesas de campaña.
El combate a la inmoralidad política y administrativa debe ser la razón del gobierno de AMLO. De ello deriva todo lo demás.
Pero si hace a un lado el objetivo que provocó el cambio, los augurios podrían no ser muy promisorios.
Las mayorías esperaron mucho tiempo y la última esperanza es el tabasqueño, pero si no resulta, el paso siguiente sería la rebelión social.
Los primeros signos en el congreso han sido más bien de consumo para las galerías. Las escaramuzas entre el diputado Gerardo Fernández Noroña (PT) y Porfirio Muñoz Ledo divierten, pero a la vez debilitan la unidad necesaria para combatir al enemigo común.
Aunque aquí entre nos, el escribidor considera que Fernández Noroña tiene razón en calificar a Muñoz Ledo y Martí Batres como “lacayos” de Peña Nieto al avalar con su asistencia, el “informe” presidencial expuesto fuera del congreso y ante un público extraño a la representación popular.
SUCEDE QUE
Las joyas de la corona en los distintos municipios son las comapas. La capital del estado no es la excepción, sobre todo cuando el manejo administrativo por años ha sido opaco y siempre bajo la duda. Abona a esta negativa imagen, el pésimo servicio, los abusos, cobros excesivos, los sueldos exagerados de funcionarios y el despotismo del personal “sabiamente” aleccionado por su jefe, integrante distinguido de la generación plus del priismo torcido en extinción.
Comapa mantiene a media ciudad sin agua desde hace semanas o quizá meses.
Hay razón entonces, para que el primer objetivo de la nueva administración sea precisamente dicho organismo. Y deje, ¡lo que ahí van a encontrar!
Y hasta la próxima.






Discussion about this post