Por Agencias
Ciudad de México.- Cruz Azul no salió a jugar un partido más. Asumió el clásico joven frente al invicto América, su acérrimo rival, con tal seriedad que firmó uno de los arranques más aplastantes de los años recientes en el Estadio Banorte. Incluso, se permitió el lujo de errar un penal que pudo abultar aún más la diferencia antes del descanso. Sin embargo, a la Máquina no le bastó con doblegar a las Águilas: quiso arrollar, imponer condiciones y dejar claro que, aunque su historia está ligada a los finales dramáticos, también puede hacer valer su condición de campeón con una victoria (4-3) incontestable.
Cada vez que se pone a prueba el temple celeste, el técnico Joel Huiqui despliega su mejor carta: si dudan de sus posibilidades, que alguien intente vencerlos. Los americanistas buscaron la fórmula a través de destellos individuales, pero la contundencia brotó de los botines del mediocampo local. José Paradela descifró un resquicio por el costado izquierdo, desdibujó a cuatro zagueros y, con una diagonal retrasada, habilitó a Erik Lira, quien dictó el 1-0 con un remate al ángulo (20).
Ese mismo sello colectivo cimentó el segundo tanto, orquestado desde el tiro de esquina. Carlos Rodríguez tejió una pared con Jéremy Márquez antes de servir para Paradela, quien coronó la jugada con un potente zurdazo (36). Un empujón dentro del área, validado por Luis Enrique Santander tras la revisión en el VAR, prometía anticipar otro festejo; sin embargo, el argentino Nicolás Ibáñez estrelló su cobro desde los once pasos contra los guantes de Rodolfo Cota.
Lejos de mermar su ímpetu, el fallo impulsó a Cruz Azul. El equipo se divirtió en la circulación de la pelota, exhibió jerarquía y, en un nuevo saque de esquina, firmó el 3-0 por cortesía de Jesús Orozco Chiquete, ubicado en el corazón del área (45). El descanso fue una fiesta teñida de azul. La afición local ovacionó a los suyos y clamó por una cuota mayor, pero unas Águilas consumidas por la frustración -reflejada en la rispidez y los conatos de bronca- encontraron una bocanada de aire fresco en la reanudación gracias a un cobro de tiro libre de Brian Rodríguez (53’).
El efecto del descuento prolongó la tensión durante algunos minutos, el primer lapso donde La Máquina mostró ligeros titubeos. Luego de perdonar en un par de acciones previas, el uruguayo Gabriel Toro Fernández encontró su redención personal: en una escapada a campo abierto, eludió la salida del arquero Cota y empujó sutilmente el balón a la red para sellar el 4-1 (73). Sin embargo, los celestes no saben de triunfos sencillos. En dos minutos, el América se acercó con los tantos de Óscar Perea (90) y Miguel Borja (90+1), quien debutó en la Liga Mx y estuvo cerca de conseguir el empate.
Así, mirando de reojo el reloj, a pesar de un primer tiempo avasallante, Cruz Azul pintó de sus colores la capital con un triunfo en el clásico joven. (Alberto Aceves/La Jornada).






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