Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- El agua se escribe sola, sola al remojar los pies en el agua, al pasar por los ojos y salir causalmente.
El agua se escribe sola y cae como lluvia y no es lluvia. La lluvia no existe.
En las lúgubres condenas del silencio el agua es un cerillo de monjes tibetanos perdidos en los túneles inmensos de la memoria.
El agua criolla comienza a escurrir por gruesos mejillones de la tierra e intérprete del llanto confunde a los organilleros de un teatro público.
Te pareces al agua, ahora que viéndola bien mojas. La calle tiene eso de calle, de río inmenso en los noticiarios.
Te parecías al agua. Eras agua en aquel entonces o soñar con beber de igual manera cuenta. En esta ciudad eras el agua.
Construida en las noches, en pequeños descuidos lloviznas.
Eres la cofradía de elementos, el útil desamparo de la evaporación de las manos, el conjuro al revés de la tierra en los ojos.
El agua huye y se arrastra a su agujero, sáquenla ahora zaptras del tiempo, demoledores infelices del pueblo.
La noche sigue sola permitiendo la lluvia, apenas un decir que es en los lentes, la ciudad luce sus encandiladas marquesinas que se anuncian unas con otras.
Documental en el exilio, llevas el papel en la espalda y escribes con los dientes. Hay letras que saben interpretar el silencio de las gotas desde una gotera de cloro. La tempestad es un hueco en la nostalgia, el agua escurre agua y mece el trampolín de ausencias.
Por la calle corren los que corren con su viejo paraguas, su impermeable a prueba de gotas y las botas mojadas ya en las banquetas y arroyos que la calle va formando bajo la lluvia que no existe.
120 fulanos recorren la calle principal, fuertemente equipados, para hacer frente a esta contingencia y salir airosos de quien sabe dónde o para qué chingados.
Iba viéndote salir de un tubo, recoger basura de un árbol y desparecer en el misterio de una alcantarilla, seguirte luego, hasta no poder, uno de los dos sobrevivir. Despertar. Morir sin honor.
Dicen que el agua canta. Dicen que canta, como frente a un pelotón de soldados en la frente del coronel Aureliano Buendía. Tal vez canta bajo la lluvia inexistente.
HASTA LA PRÓXIMA.






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