Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- No se espante, pero creo que sin querer queriendo nos estamos convirtiendo en caníbales.
Leyenda urbana o no, cada vez es más frecuente escuchar que en algunas carnicerías se vende la carne humana como si fuera de res.
Volando yo por los calurosos cielos de Reynosa me pongo a pensar si tiene algo de cierto, a estas alturas, el que haya proveedores especializados en este tipo de mercancía.
Antes se contentaban con echar a los muertitos en botes de ácido, o como hacían los gángsteres de chicago, ponerles zapatos de cemento para que se hundieran en lo más profundo del mar.
No es el caso de Reynosa, pero se dice que en otras ciudades sí lo hacen.
En una nota fechada el 19 de julio del 2017, el portal de Yucatán El Debate.com reproduce información publicada en redes sociales que decía: «Fueron sorprendidos en el patio de una supuesta casa de seguridad cuando desmembraban varios cuerpos humanos de las víctimas, afirmando que surtían a la tienda con los restos, lo que causó psicosis».
Recién una compañera periodista me decía que una familiar suya, al ver que el corte que había comprado en una carnicería presentaba un aspecto inusual, prefirió tirarla a la basura al sospechar que se trataba de carne humana.
«Clausuran carnicería en Zapopan por vender carne humana»,-es otro encabezado que presenta el portal michoacano aguasdigital.com.
La historia es idéntica a la de Yucatán. Dos sicarios que se hallaban en el patio de una casa de seguridad, desmembrando cadáveres para vender los cortes en una carnicería.
El mito se repite en otras comunidades, como Ciudad Juárez y Monterrey.
Lo cierto es que después de tantas barbaridades que han ocurrido en los últimos diez años ya no es de extrañar que los delincuentes lleguen a comerse a sus rivales.
Hay por lo menos un caso documentado de un capo que sí lo hacía.
En la historia hubo casos de canibalismo ritual. Los aztecas consumían el corazón de sus enemigos caídos porque creían que les traspasaba su valor.
Quizá ya empiece a cundir el ejemplo entre los grupos mafiosos, pero dudo mucho que se lleguen a vender fajitas, chuletón o filetes de carne humana en negocios legalmente establecidos.
Por las dudas, si a algún sicario le molesta éste comentario y me hace carnitas, les aseguro a los comensales que yo soy un Pegaso guapachoso y sabrosón.
Quédense con el refrán que a la letra dice: «Que la deidad otorgue sacralización al alimento que recibe el intestino». (Dios bendiga lo que caiga a la barriga).





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