Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Déjenme decirles algo de las encuestas o estadísticas.
Siendo como son, una ciencia exacta, sus resultados se acercan mucho a la realidad, no hay forma de evadirlos. La disciplina que las estudia se llama Cálculo de Probabilidades.
Sirva el preámbulo para condenar enérgicamente a los genios de escritorio que pretenden minimizar las tendencias estadísticas de la elección para Presidente de la República.
Andaba yo volando allá, cerca del centro de la ciudad, viendo cómo se desarrolla la vida ciudadana cerca de la recta final de las campañas políticas y escuchaba en pláticas de café cómo ahora se invalidan las encuestas serias con fines políticos.
Porque hay dos tipos de encuestas: Las que se hacen a pedido, y las llamadas estratégicas.
Las primeras siempre salen a favor del candidato o partido que manda hacerlas y se usan como propaganda, para tratar de verle la cara a la gente (y muchas veces logran su objetivo).
Por otra parte, las encuestas verdaderas, aunque fotografías del momento, marcan una tendencia que difícilmente se podrá revertir, si no existe un evento o suceso que la obligue a tomar otro derrotero.
Al igual que los fenómenos físicos, obedecen a la primera Ley de Newton, conocida también como Ley de Inercia que dice: Todo cuerpo permanece en su estado de reposo o movimiento a menos que sobre él actúe una fuerza externa.
Creo, a menos que alguno de mis dos o tres lectores me corrija, que existen varias fuerzas externas capaces de modificar la tendencia que se observa actuamente en las encuestas, como la compra de votos, la entrega de despensas, la coacción, las amenazas, etcétera.
Y por si eso falla, todavía queda el recurso del fraude electoral.
Sé que por lo menos los últimos ocho presidentes de la República han llegado al poder gracias a dicho recurso.
En las elecciones en que resultaron ganadores Vicente Fox y Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional se hizo muy famosa la palabra «concertacesión», consistente en un acuerdo cupular para hacer ganar a determinado personaje de un partido contrario.
Tanto hay en juego en esta pugna por el poder, que se han generado técnicas lo suficientemente refinadas para revertir una tendencia, inclusive si es tan marcada como la actual.
Un algoritmo instalado en el sistema operativo permite que por cada voto que se contabilice se añada un número fraccionario.
Puede que parezca poco, pero ya con la sumatoria estamos hablando de millones de votos a favor del partido hacia el cual va direccionado.
La moda ahora es decir: El candidato fulano es un gran ganador de encuestas, pero un perdedor de las elecciones.
Pues sí, porque la maquinaria del sistema tuerce los resultados mediante el fraude electoral.
Y ahora, con el Mundial de Futbol a la puerta, lo más probable es que se despliegue una cortina de humo lo suficientemente densa para cubrir los trastupijes de los operadores del fraude.
No me considero chairo, o seguidor de AMLO y me daría lo mismo que la tendencia fuera favorable al candidato del PAN, o el Bronco, pero como Pegaso demócrata me resisto a aceptar tan burda manera de conservar el poder.
Y el dicho mexicano dice así: «En este momento me asemejo al líquido inodoro, insípido e incoloro destinado a infusión de cacao calcinado, pulverizado y adicionado con edulcorante que proviene de la caña de azúcar». (Estoy como agua pa’chocolate).







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