Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Me duele la esquina de dar vuelta, antes de llegar me duele. Me duele la esquina, el foco nervioso soplando luz por las ventanas. Me duelen los ojos que se asoman podridos en el viento de la llamarada tenue.
Me duele la sombra debajo de los pensamientos, deteniendo en las manos las caricias de la historia de quienes pasaron y se fueron. Me duele el letargo del ser, la locación antigua, las cortinas, el arrumaco del pavo.
Me duele la vuelta, el espinazo inerme sin que se presenten otros dolores que salven este que repercute, que me somete.
Me duele el espacio de letras quejándose siempre tendidas sin almohada en el piso frío de la noche.
Me duele saberme humedecido como musgo de recuerdo, como sentencia, privado de las menciones de una tarde, me duele el vuelo de las aves ebrias, huyendo, saliendo.
Me duele la muerte ausente, presente, cantando, escuchando su propio mosto en el patio. Me duele verle en todos nosotros tan humanos, tan ufanos metidos en todos los eventos, en todos los claustros.
Me duele saberlo, ignorarlo, aborrecer el momento angustiado, entorpecer el despierto aliento de los seres limando vuelos, piedras, monstruos de fierro.
Me duele la piedra, el agua en la fuente chisporroteando, el algo, el hielo, el deteriorado sistema hidráulico de un carro, las alcantarillas de la noche, el funesto compas del tiempo, el sabio reloj me duele torcido de los brazos, quebrado en un segundo, en un minuto detenido, en las horas aciagas delirios.
Me duele la casa, el perro, el abeto, el ruiseñor atrapado en un árbol ajeno. Me duele el abismo, el verde, el rojo, el negro profundo de una cadena oxidada.
Me duele el traje, la corbata, el sapo, el pasto lo que tenga que ver con ir, lo que se tenga que venir, lo que tenga que soportarme sobre una nube, sobre una carcajada encajada en la espalda.
Me duele el libro, la manzana, la encrucijada de cruzar una almohada, una sábana blanca distendida en el pecho, un colgante escapulario enfrente, una luminaria en los ojos parpadeante, un mosquito viendo siempre, pegado a los cristales de los ojos lloros, viendo la pared, la nube, la lluvia de Julio.
Me duele la suerte, el tiempo, la definición de ausencia, la piedra , el vuelo del canto, el árbol por dentro, la costura de herida, la mancha, la oscura palabra de vida, la soledad prometida, el sepulcro, la derrota metida en la victoria, la consentida moneda en la bolsa, la moneda escapando, huyendo, el peso, la perdida memoria.
Me duele el dolor de ojos, de dientes, de lengua, de paciente insuficiente, honorifico, honorario, presente, de cuerpo ausente, cerrados los ojos, sin ver, sin sentir, sano y enfermo, loco y cuerdo viéndome por dentro , enfermo de todo y nada, sin dolor, sin enfermera, sin enfermo, sin doctor, sin muerte.
HASTA LA PRÓXIMA.





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