Por Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Debería existir la gloria de las mallas ciclónicas para ahí mandar ésta, que es producto de la siguiente crónica.
Se lo merece, pues ha soportado así desde hace mucho tiempo, casi desde que la pusieron, en terribles condiciones.
La malla está en el Centro de Desarrollo Infantil 4 de esta capital, en el 17 Baja California y Sonora, en Ciudad Victoria.
Es ahí donde los niños juegan y las mamás aprenden un oficio. Muchos de ellos acaban de concluir sus cursos de verano, auspiciados por el ayuntamiento. Pero durante el año este centro muestra su actividad al quedar en medio de diversos centros educativos, en las colonias Gómez, Periodistas y Viviendas Populares.
La malla, de una extensión total de aproximadamente 500 metros, sin puerta, pues esta desapareció enredada en si misma; protege de cierta manera el adentro, donde se reúnen los maestros, que ante el intenso calor prefieren permanecer bajo un gran árbol “orejón” que creció de manera despiadada y que cubre casi la mitad del centro. Con sus 40 grados abajo de su sombra.
De lejos, la malla parece una serpiente retorcida que recorre la orilla de la banqueta y el viejo pavimento, le sobresalen hilos de alambre, pedazos arrancados por alguien, no se sabe. Por abajo la han levantado para que todos quepan, chicos y grandes, y todo caben sin necesidad de llegar hasta donde por cierto hubo una puerta.
Hay quienes, los más jóvenes saltan por encima y caen adentro. En la techumbre se juega buen futbol. Se nota el toque del jugador en el grito, cuando exige y va por el balón y por todas, en ese breve espacio dedicado al futbol. Otra cancha les queda muy lejos.
Nadie tampoco organiza un torneo en este sitio, se da a balonazo limpio y nunca termina el segundo tiempo, hasta que oscurece.
Increíblemente pasan las administraciones municipales y no remiendan la malla ni la sustituyen.
Adentro, por las orillas, o donde se pudo, debió crecer el pasto, pero no fue posible, los cuadros son analogías de pequeños desiertos, renacuajos cuando hay lodo, que concluyó en que la presente administración municipal, que encabeza Oscar Almaraz, al inicio echó varios camiones de grava para acabar con el problema que significaba darle mantenimiento al pasto.
La malla ciclónica cubre, o cubría prácticamente, toda el área del citado CEDIF. Y sólo breves porciones se salvan del paso virulento del tiempo, sin mantenimiento, y de la violencia de los juegos. Los balonazos inclementes que van y retachan en esas redes.
Cierta ocasión se sorprendió a un sujeto jalando la malla fuertemente, como quien jala los cabellos de otra persona, violentamente.
Se siente lástima, la malla ya dio lo que tenía que dar y cuando alguien la estira ya no vuelve a su anterior forma, sino a otra.
La clavaron al suelo con estacas, la amarraron con otros alambres, la enredaron en árboles, la trozaron muchas veces, la crucificaron, la aniquiló el paso de los muchachos, la puerta que alguien vio volando por el aire.
No hay final para esta malla, si la quitan la salvan del sufrimiento, del estar siendo jalada, estirada, retorcida injusta e injustificadamente, sin sentido alguno. Falta otra malla, pero desde hará cosa de 30 años, dicen los vecinos.
Y agregan, que en los mismos años, esta colonia no ha recibido ninguna mejora, ni sus centros, además de no darle mantenimiento a la plaza oscura, llena de basura. Señalan.
Por lo pronto ya casi en calidad de arrastre, toro vencido por la espada del tiempo, sin ganas de levantarse, yace esta malla, como una presunción del tiempo que ha olvidado este lienzo que al principio sirvió y ahora le dieron la espalda.
La malla sirvió para delimitar y darle seguridad al citado centro, echar llave, y dejar un guardia, en alguna parte.
Todos los empleados alguna vez, junto con otros guardias, jardineros y conserjes, directores, por más que se han enojado, han tenido que ver con la malla. Perdiendo todas las batallas, la malla ya no se levanta.






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