Por Pegaso
Reynosa, Tamaulipas.- Andaba yo volando sobre la ciudad, el pasado 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, y veía cómo las personas se volcaban a las tiendas y centros comerciales a comprar flores o algún regalo para su media naranja.
Había de todo: De chile, de dulce y de manteca. Como decía Juan Gabriel, para el amor no hay edades, pero tampoco es cuestión de sexo.
En esta época de liberalismo, hay parejas de ellos y ellos o de ellas y ellas.
A estas alturas, pese a las críticas de los sectores más conservadores de la sociedad ya nadie oculta sus sentimientos y su inclinación, y si alguien les dice algo, inmediatamente van a Derechos Humanos y te acusan de discriminación.
Pero, ¿de dónde proviene el gusto de algunos individuos por otros de su mismo sexo?
En el Dialógo llamado El Banquete o del Amor, Platón hace que sus personajes Apolodoros, Sócrates, Agatón, Fedro, Pausanias, Eriximaco, Aristófanes y Alcibíades elaboren cada quien una apología al Amor.
Y así, cada uno de ellos se avienta un choro sobre las bondades y beneficios que nos trae ese dios a los hombres y por qué se le debe adorar, como lo hacemos actualmente cada Día de San Valentín.
El que me parece más jocoso, irreverente y chimengüenchón es el de Aristófanes, un picaro comediante griego de mediados del Siglo V antes de Cristo.
Aristófanes empieza diciendo que en tiempos remotos había en la tierra una raza de hombres muy fuertes y valientes.
Tenían un cuerpo robusto, ocho piernas, ocho brazos, una sola cabeza con dos rostros y dos órganos reproductores.
Había tres tipos: El que tenía dos partes de hombre, el que tenía dos partes de mujer y el que tenía una parte de hombre y otra de mujer.
En cierta ocasión pretendieron combatir con los dioses y se fueron al Olimpo con intenciones de hacerles la guerra.
Al ver lo decididos que estaban los hombres por destronarlos, Zeus convocó a los demás dioses a deliberar. A final de cuentas llegaron a la conclusión de que aquellas arrogantes criaturas debían ser castigadas.
Zeus tomó su rayo y lo aventó contra los hombres, de tal manera que cuando tocaba a uno, éste se partía en dos.
Separados, quedaron en la forma que actualmente tenemos, es decir, con un solo cuerpo, dos piernas, dos brazos, una cabeza con un rostro y un solo tipo de genitales para cada uno, el de hombre o el de mujer.
Y desde ese momento cada cual siempre busca a la otra parte con la que estaba unido.
No he de extenderme mucho sobre el tema. Quien quiera deleitarse un poco leyendo las apologías de los filósofos socráticos sobre el Amor, les recomiendo que lean El Banquete.
Decía yo que miles de personas se lanzaron a comprar flores y chocolates para regalar a su peor es nada, en este Día del Amor y la Amistad.
Ojalá que esas muestras de cariño se prolonguen durante todo el año y que podamos llevarles a nuestras parejas algún detalle que les demuestre nuestro apego aún sin ser una ocasión especial.
Y recuerden: No hay que ser arrogantes como lo fueron nuestros aristofánicos antepasados. No vaya a ser que los dioses tomen nuevamente su rayo y nos partan a la mitad. Entonces quedaremos con una pierna, un brazo, media cabeza y medio pizarrín.
Mejor nos quedamos con el refrán estilo Pegaso que dice así: «¡Exclamación de dolor, dios del Amor! Dios del amor autoritario». (¡Ay, Cupido! Cupido tirano).






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