Por José Gregorio Aguilar
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Para muchas personas los panteones son el lugar del eterno descanso de los seres queridos que pasan a mejor vida y tienen la convicción de que, en realidad, los cementerios son el punto de partida de la nueva vida que les espera a los difuntos.
Ciudad Victoria cuenta con tres panteones municipales: el de la colonia Libertad, el De la Cruz en la colonia Azteca y el del Cero Morelos. Este último es el más antiguo: el primer huésped que albergó fue el colonizador Gregorio Pizaña; y posteriormente a la llamada morada de los difuntos han llegado miles y miles de ciudadanos, personajes religiosos, políticos y de toda índole.
Aquí hubo epidemias de fiebre amarilla, de influenza y gripe española que azotaron a la capital a a finales de 1919 y principios de 1920. Entonces este panteón jugó un rol importante porque en él se dio sepultura a muchas, comenta el cronista de la ciudad Francisco Ramos Aguirre.
Con el transcurso del tiempo la arquitectura funeraria de este cementerio se ha ido modificando, dando paso a otra moda arquitectónica; en una parte se aprecian algunas tumbas de las primeras que se erigieron, mientras que más al oriente del cementerio se ven monumentos más modernos, con recubrimiento de mármol y cerámicas en los pisos
El del Cero Morelos es un cementerio histórico, en donde descansan grandes personajes que fallecieron a mediados de 1800 y principios de 1900, quienes tuvieron una vida social, económica y política muy activa en la capital de Tamaulipas.
Recorrer los pasillos de este ancestral inmueble es viajar al pasado, si se evocan las grandes hazañas de memorables e influyentes personajes de siglos pasados. En voz del cronista Ramos Aguirre pudimos recordar que en el Cero Morelos se vivió un episodio impactante e histórico cuando, el 16 de febrero de 1917, fue fusilado en el paredón del cementerio el bizarro revolucionario profesor y general Alberto Carrera Torres, sentenciado a muerte por un ilegal Consejo de Guerra. Por eso se conserva la placa que recuerda el fusilamiento del prócer.
Por eso este panteón es considerado patrimonio histórico del Estado, y aloja a personajes que tuvieron gran influencia en la vida capitalina. En el inmueble se localizan varias tumbas relevantes y artísticas que reflejan la arquitectura funeraria de dichas épocas, así como lotes familiares de distinguidos victorenses e importantes personajes que forjaron la historia y desarrollo de Tamaulipas.
En las soledad del camposanto destaca la sepultura de un alto miembro de la jerarquía católica de principios de 1900, que causó polémica al negar la aparición de la virgen y se pronunció en contra de la hipocresía de los curas, clérigos y sacerdotes, entre otras posturas nada ortodoxas: el maestro Eduardo Sánchez Camacho, segundo obispo de Tamaulipas. Irónicamente, muy cerca está quien fuera su enemigo político, Juan B. Tijerina, quien fue un poeta, político y connotado maestro que siempre se distinguió por su postura anticlerical.
Familias como los Lavín, Filizola, Escandón, Montemayor, Bustamante, entre otras, también descansan en el panteón del Cero Morelos.
De los entierros más recientes, destaca el del líder universitario Enrique García Guevara, quien en 1967 encabezó un movimiento estudiantil cuya lucha culminó con la anhelada autonomía universitaria.
Por ahí cerca, a la izquierda de la entrada del panteón municipal, descansa Ismael Garza Flores, mejor conocido como “El Quemador”, de quien se cuenta fue guardaespaldas de ex gobernadores.
“Fue un policía judicial al que se le atribuyen múltiples asesinatos, entre ellos el de dos sus compañeros. Sus restos están desde mayo de 1979 e irónicamente muy cerca se encuentran las sepulturas de las personas que asesinara: Enrique Sámano Ruiz y Marcelino Mendoza”.
Y así, incontables nombres, sepulturas derruidas, modestas tumbas, muchas ya remodeladas y otras son más recientes, pero el viaje al pasado no concluye. La historia que está grabada en epitafios y en esas lápidas que guardan frases con carácter divino conserva ese pasaje histórico que tocó vivir a esos personajes, que alguna vez habitaron el mundo de los vivos.
En este viaje por el camposanto, se da uno cuenta que extranjeros, religiosos, poetas, grandes maestros, héroes, enemigos revolucionarios, comerciantes españoles, muchos de ellos contemporáneos, jamás imaginaron que un día la muerte los acercaría. Ya sea muertos por causa natural, en un accidente o asesinados, a todos el manto fúnebre los cubrió para llevarlos a la eternidad.
“Es nuestro cementerio histórico que tenemos que conservar, preservar y hacer un llamado, no sé si a las autoridades municipales, del estado y al Instituto Nacional de Antropología e Historia, para que restauren las tumbas más antiguas y podamos tener como referente histórico estos monumentos, que fueron con los primeros en erigirse a partir de que abrió el panteón del Cero Morelos”, refiere el cronista Ramos Aguirre.
De hecho, el 30 por ciento de las aproximadamente 11 mil 600 tumbas del Panteón Municipal del Cero Morelos han sido olvidadas por los familiares de esos difuntos, que descansan en la eternidad.
Pero este día de muertos, y desde el 1 de noviembre, este camposanto recibe miles de visitantes que cada año acuden a visitar a sus difuntos. Son dos días de grandes concentraciones y bullicio, de ajetreo comercial que rompen el silencio propio de este parque funeral, dos días en que la gente va, lleva flores, pan, velas y todos los motivos tradicionales de esta fiesta de difuntos; pero como cada año, siembre habrá difuntos que no tengan quién los visite, los mismos de siempre, los abandonados.









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