Rigoberto Hernández Guevara
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Cada parte del cuerpo es un propósito. Palmo a palmo de terreno de piel es un lugar, un depósito de palabras, de sueños y conquistas, derrotas y angustiantes esperas. Es un espacio para la caricia, para los golpes, para nuestra protección, o simplemente para la diversión de otros.
El cuerpo preparado para la lucha, se busca. Receptor de cariño confiesa su apremiante necesidad de otras manos, de otro cuerpo que se deslice o se apegue al suyo, que se funda en el abrazo cariñoso o en la cruel despedida.
El cuerpo se prepara para el trabajo desde el pensamiento, la reflexión y el tiempo que amolda las manos, hace más fuerte el cuerpo o nada más el cuello, más sabia la mirada, más aprovechable el tiempo y todo lo que le viene de afuera.
La sensibilidad no tiene fronteras, pues más allá, en las palabras que viajan o las imagenes que se transportan a través de los años, el cuerpo siente.
Se siente el pensamiento, la vocación, la intención, las ganas, en un lenguaje mudo, extraño y palpitante.
El cuerpo alude a una temperatura ambiente, pero los recuerdos, las premoniciones del futuro y el astuto presente nos mueven por fuera y por dentro, a pesar de la temperatura ambiente nuestro cuerpo por sí mismo decide si estar frío o caliente. Es involuntario, no se preocupe, usted no hace ningún esfuerzo.
Cuando sentimos algo hacemos lo involuntario, pero lo voluntario es también afanoso, así que vamos o nos quedamos, muchas veces sin saber por qué.
Abajo del cuerpo, en el cuerpo que no vemos, el interés de saber lo que afuera ocurre reacciona, busca, habla. Y desde afuera el cuerpo le responde, se mueve, se maneja de acuerdo a la hora y a la situación por uno de los dos estudiada.
Hay momentos de suma atención en los cuales todas las ganas del cuerpo entran en funcionamiento o se contraen de miedo, de la sensación que le extraña, sensaciones nuevas que le enseñan a reaccionar y aprende.
Con el tiempo el cuerpo se acostumbra y, aquella sensación rara en principio, comienza a verse normal en la expresión de una cara que puede ser alegre o mortificada. Por fuera se sabe. Quienes ven lo notan.
Si te ves al espejo lo notas. Así lleva uno el alma, el alma a veces es el montón de sucesos olvidados que, juntos con el cerebro y la experiencia cotidiana, simulan una batalla en nuestro cuerpo.
Hay grandes derrotas del cuerpo por parte del cerebro; y habrá también los triunfos deletreados del cuerpo, entre los menos que se hayan logrado. No somos nosotros mismos, no siempre; afuera nos hablan y damos la cara.
HASTA LA PRÓXIMA





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